2021-06-11

En muchos gobiernos existe un problema cuando se trata de los estado de emergencia o cualquiera de sus variantes.

Los gobernantes están capacitados para usar tal herramienta, y está bien que sea así. Pero el poder y la capacitación que les otorga tales herramientas no se van de forma automática. Son élites que se arrojan para sí unos poderes inmensos y que están interesados en mantenerlos más allá de cuando termine el peligro.

Pero en China tienen una solución interesante. Como regente local se puede convocar el estado de emergencia que activa unos derechos especiales para la administración que se encargará del estado de emergencia. Normalmente estas administraciones se organizan de manera militar y también se encargan de las catástrofes naturales.

Pero cuando esto pasa el político pierde sus poderes. El político que convoca el estado de emergencia ya no tiene competencias, sino que son los expertos entrenados para solucionar el problema los que pasan a gobernar. Y estos expertos no preguntan qué hacer. El político puede recuperar su puesto cuando el problema esté solucionado y siempre que la llamada al estado de emergencia haya sido adecuada. Pero si no ha sido un llamamiento adecuado, por ejemplo demasiado tarde, el político pierde su puesto.

Además se espera que el político ofrezca su dimisión antes de volver, que será rechazada si no se han cometido grandes errores. Y tampoco es admisible que se señale a otros como los culpables de lo que haya salido mal, pues si uno es responsable de algo también es culpable. El alacalde de Wuhan, Zhou Xianwang, se mantuvo fiel a este protocolo.

Es un sistema interesante, pero tampoco es perfecto. El problema en China es que los militares no tienen tal protocolo, y si en algún momento están en el poder son ellos mismos los que lo tienen que devolver.