2022-03-12

:¿Es censura si una empresa privada borra tu contenido?:

Los actuaciones de empresas privadas que hunden las opiniones con algoritmos o borran el contenido nos obliga a reflexionar sobre la censura. Una opinión bastante extendida es que la censura solo la pueden ejercer los Estados. Pero esa opinión solo atiende a una definición clásica del fenómeno y obvia la complejidad del mundo actual.

No obstante merece la pena pararse en esta definición clásica de censura para empezar a distinguir algunas características de la misma. Censura implica que quien la ejerce tiene poder para censurar. Quien censura persigue también algún objetivo político, religioso, de interés económico o similar. Y esto encaja perfectamente con los Estados, que se guardan para sí el derecho a la violencia y pueden usar su poder. También tienen intereses políticos o aliados con intereses paralelos (religiosos, económicos, etcétera).

Según esto una empresa privada no puede ejercer violencia, no tiene poder para censurar ni intereses más allá de su negocio... ¿Seguro? Intuimos que la definición anterior queda desfasada en el mundo moderno y complejo en el que vivimos. Cuando los propietarios de empresas gigantes como Alphabet (Google, YouTube) o Meta (Facebook) se reúnen con los políticos ya no se puede decir que este tipo de empresas no tengan poder político o intereses de algún tipo.

:¿Borrar vídeos de YouTube en base a qué?:

La complejidad es grande. Cierto que una empresa privada debe tener su derecho a admitir los contenidos que crea oportuno. Casi nadie querrá vivir en un mundo donde nos obliguen a ver mensajes políticos si lo que queremos es ver un vídeo de entretenimiento superficial. Pero por otro lado está el interés social y la responsabilidad de cada empresa. Quien tiene una empresa de comunicación tiene ciertas responsabilidades, al igual que quien tiene un restaurante debe cumplir ciertas normas de higiene y no puede negar la entrada a personas por su raza.

Si el vídeo no es ilegal en base a qué se lo puede borrar. Es aquí donde empieza un trabajo conjunto de los Estados y las empresas privadas para dirigir el discurso con un tipo de "censura no clásica". Los Estados se lavan las manos porque, se supone, ya no tienen un aparato censurador clásico. No obstante se olvidan interesadamente de cuidar la diversidad de opinión y, curiosamente, sus intereses coinciden con los de las empresas privadas.

No olvidemos que hablamos de empresas privadas gigantescas a las que les va mejor y ganan poder mientras más en consonancia estén con el poder del Estado. No olvidemos la importancia central de Facebook, YouTube o Twitter como herramienta social para crear opinión pública. No son canales minoritarios de opinión, no son un club de amigos que se reúnen los domingos.

La pregunta incómoda es, ¿están estas empresas privadas centradas en maximizar sus ganancias o pasan a ser instrumentos geopolíticos en la guerra de (des)información? Una comparación con otras grandes empresas privadas centradas en maximizar sus ganancias arroja una visión contradictoria. BMW o Nestlé están presentes en casi todos los países e intentan, en la medida de lo posible, no meterse demasiado en la política local. Sabemos la falta de ética de ciertas empresas y su deseo de tener siempre vía libre para poder maximizar sus beneficios (lo que paradójicamente implica a su vez una posición política, pero eso es otro tema). ¿Se niega Nestlé a vender chocolate a sus clientes? No se puede decir lo mismo de las grandes tecnológicas de Internet que expulsan a sus propios usuarios/clientes por tener una opinión política.

La sensación es que Facebook, Google o Twitter utilizan otra calculadora. Entre las opciones maximizar ganancias y política, no siempre eligen la primera opción.

:El Estado se salta su propia definición de democracia:

Hay leyes que regulan los medios de comunicación, y a su vez los medios de comunicación se responsabilizan del contenido que albergan. Pero parece que esto no aplica a las grandes empresas de Internet, que por definición también tendrían que ser consideradas medios de comunicación.

Todos los actores insisten en que no son medios de comunicación, sino redes sociales, plataformas libres donde los usuarios discuten con libertad. Pero en el momento que hay algoritmos que son un filtro, en el momento en que se borra el trabajo de años de algún creador por una guerra, cuando hay supresión disimulada, en ese momento estas empresas dejan de ser actores neutrales y son, precisamente, medios de comunicación metidos en el juego político para crear opinión pública.

Observamos que a los Estados, mejor dicho a EE. UU., ya ni siquiera le hace falta el trabajo de los jueces para decidir si un contenido es legal o ilegal. Solo dicen ese país y su presidente son muy malvados, lo sancionaremos. Estupendo, los valores democráticos y la libertad de expresión quedan anulados de esa manera. Ya escucho al coro decir pero los rusos, los rusos, el dictador Putin hace lo mismo. Estupendo, en Rusia también hay censura.

:Entonces, ¿qué es censura en los tiempos modernos?:

Un error que debemos evitar es pensar en la censura como un interruptor de encendido y apagado. Es vano aventurarse en una definición concisa y solo podemos estar atentos a los intereses del poder y cómo actúa en nuestra sociedad.

Que algún foro en un rincón de Internet no quiera publicar tu opinión no se lo puede considerar censura. Pero lo que vivimos en los últimos tiempos, donde EE. UU. impone sanciones, donde la UE las acata, donde unas empresas privadas coinciden con el discurso oficial, donde Rusia reacciona con el mismo jarabe, donde no se puede esperar nada mejor de China, etcétera, todo eso es una gran y nueva maquinaria censora de los Estados y las empresas privadas. Mientras tanto el ciudadano queda abandonado a su suerte, perdido en un mar de mentiras y falacias hasta que toma partido y empieza la lucha de los unos contra los otros. Es difícil sacar algo positivo de todo eso.

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